https://doi.org/10.35381/e.k.v8i2.4868

 

Nuevas tendencias pedagógicas frente a la inteligencia artificial

 

Las sociedades más desarrolladas dentro de la economía llamada postindustrial han pasado de la producción industrial masiva de bienes materiales al desarrollo avanzado del llamado sector terciario, el sector de producción de servicios. En ese sentido entonces, la forma postindustrial está determinada en gran medida por el crecimiento de la producción y la comercialización de intangibles, que se vuelven dominantes sobre otros sectores de producción. Ante ello, el conocimiento, la información y la innovación se están convirtiendo en las fuerzas productivas más importantes. El crecimiento económico ya no es una simple función de la acumulación de capital, sino que depende del conocimiento.

Por lo expresado con anterioridad, las instituciones educativas deben estar integradas al nuevo sistema y se convierten en condición para la posibilidad de su reproducción y desarrollo. De igual modo las universidades están integradas mucho más directamente que antes en el ámbito económico. De allí que las aulas se convierten en la unidad de producción primaria, donde se produce y se pone en producción lo más valioso: el conocimiento.

Si se parte de la consideración de que la educación es una función de producción, ésta se modifica en la medida en que se modifican las tecnologías utilizadas en los procesos de enseñanza y aprendizaje. Por otro lado, en lo que respecta a los cambios en el nivel de trabajo, es principalmente el trabajo de inteligencia donde el conocimiento se convierte en la fuerza productiva central.

Estas transformaciones afectan a las universidades en tres aspectos principales: porque requieren nuevos conocimientos, porque crean nuevos campos de educación como resultado de cambios en los procesos de trabajo y porque requieren la actualización de competencias para adaptarse al mercado laboral.

En ese sentido, la sociedad del conocimiento es una sociedad cognitiva que surge de una civilización científica y técnica inmersa en una globalización económica y cultural que requiere una respuesta interdependiente. La consecuencia más significativa de esta nueva tecnología en este nuevo escenario es una ruptura radical con las coordenadas espaciales y temporales tradicionales. El nuevo entorno requiere herramientas y conocimientos especiales para poder acceder a él. La barrera humana del espacio-tiempo se ha roto, creando nuevas configuraciones sociales, una nueva forma de ver y comprender el entorno, el tiempo y las interacciones con uno mismo y con los demás.

En el mismo orden de ideas puede señalarse que a raíz de la pandemia de COVID19, la digitalización y la inclusión de inteligencia artificial han mejorado. Este empoderamiento está influenciado tanto por la democratización del acceso a la IA, que permite un acceso rápido y sencillo desde cualquier dispositivo, como por la influencia de las redes sociales, que han extendido rápidamente el uso de ella. La disrupción que estamos experimentando se debe al repentino aumento y desarrollo de la inteligencia artificial generativa. Como una serie de avances tecnológicos diseñados para imitar la cognición y la toma de decisiones humanas, la inteligencia artificial está transformando profundamente todos los aspectos de la sociedad, la economía y el mercado laboral.

De allí entonces que pueda señalarse que dado el asombroso progreso que hemos visto, está claro que la IA cambiará la forma en que aprendemos, enseñamos y gestionamos las instituciones educativas. El desafío consiste en mejorar las habilidades que nos hacen únicos como humanos e incorporar la IA como herramienta para mejorar dichas habilidades. Si posicionamos la IA como una oportunidad, es importante considerar cómo puede convertirse en una herramienta transformadora en nuestras prácticas docentes. De hecho, utilizamos deliberadamente el término "práctica docente", porque incluye mucho más que las actividades docentes mismas.

El trabajo de un docente se refiere a una serie de tareas que realizamos tanto dentro como fuera del aula, antes, durante y después del contacto con los alumnos. Cabe señalar que cuando hablamos de “aula” lo hacemos en un sentido amplio que va más allá del espacio físico e incluye entornos virtuales e híbridos. Pero el núcleo de nuestra profesión sigue siendo la enseñanza, que tiene una relación inherente y ontológica con el aprendizaje. Enseñamos porque queremos que otros aprendan. Nuestra actividad docente siempre debe estar enfocada a orientar, facilitar y promover el aprendizaje de las personas que están bajo nuestra responsabilidad.

 

 

 

Dra. Lenys Senovia Piña-Ferrer. Ph.D

lenyspina@iieakoinonia.org

Instituto de Investigación y Estudios Avanzados Koinonía, Santa Ana de Coro, Falcón

Venezuela

https://orcid.org/0000-0002-9493-7499